Posteado por: administrador | 08/07/2010

DESCOMPOSICION -Parte 1-

¿Qué nos pasa? ¿Cómo es que un estudiante de cuarto año de colegio entra a la dirección y le pega un tiro en la cabeza a la directora tan solo porque le caía mal?

Pero no es la primera vez, ya otros directores han sido victimas de agresión por parte de estudiantes, estudiantes contra otros estudiantes… se presentan más de 8000 denuncias al año, por agresiones de este tipo.

Pero la agresión no es solo cosa de los colegios, se da en los hogares y en los barrios. Muchos de nuestros jóvenes se están convirtiendo en delincuentes y la violencia se ha vuelto algo casi natural, lo obvio, lo inmediatamente percibido y lo aparentemente evidente, es sin embargo un obstáculo para entender este fenómeno y conceptualizarlo.

Costa Rica se ha convertido en una sociedad compleja en la que persisten problemas heredados como la pobreza que aumenta cada día, asi como el individualismo, y se han acentuado otros como la indiferencia ante los problemas y la respuesta solidaria. Los conflictos vecinales han evolucionado hacia actos más violentos y la sociedad se ve afectada por mayores índices de violencia, que ha incidido en la inseguridad ciudadana.

Hace 50 años la población costarricense la constituían 800.000 personas, en la actualidad somos más de 4 millones de individuos.

El grado de inseguridad que maneja actualmente el ser humano, a raíz del incremento de la violencia, ha generado un círculo vicioso de mayor violencia. Ante esta situación, muchos costarricenses han optado por adquirir armas de fuego con el fin de defender sus vidas y sus posesiones; sin deternos a pensar que
la presencia de armas de fuego en casas de habitación, aún guardadas en forma correcta y segura, implican el riesgo de una tragedia. Según el BID, la posesión de armas de fuego en un hogar aumenta 2,7 veces el riesgo de muerte para sus moradores y dueños del arma, así también aumenta en mucho la posibilidad de suicidio y de hechos trágicos.

El conocimiento de las características que aumentan el riesgo de actos violentos, como la pobreza, la densidad de población, los altos niveles de movilidad de residencia, entre otras; así como de los factores relativos a la estructura de la sociedad, normas sociales, las políticas públicas de salud, económicas, educativas y sociales, son necesarias para esclarecer las causas de la violencia y sus complejas interacciones en los diferentes ámbitos como la familia. en la comunidad ó en un centro educativo.

Existe abandono o no incorporación al sistema educativo secundario a partir de los 15 años, edad en la cual uno de cada 2 adolescentes ya no asiste a las aulas de colegios y es a partir de ese momento donde tenemos un serio problema.

Los cambios sociales, económicos y demográficos inciden en la salud mental y física de las personas y en este sentido, su impacto negativo se manifiesta en comportamientos que generan violencia.

El ritmo acelerado del diario vivir, las presiones económicas y laborales, el desempleo, el hacinamiento, los problemas de acceso a bienes y servicios, la separación o disolución de la familia, entre otros, están generando trastornos mentales en la población costarricense.

¿Qué podemos interpretar de esto? ¿Cómo podríamos resolver este problema?

Como en todo conflicto, una vez reconocido el problema, lo primero es desear acabar con él y por supuesto que ejecutar.

Esto es un gran circulo vicioso que no se puede ver, ni tratar de resolver desde un solo ángulo. Son muchos los factores que se deben resolver para atacar la violencia y la delincuencia, y tener efectos positivos enfocados a un posible desarrollo.

El Banco Mundial y los expertos en el tema del desarrollo, tienen claro que el punto de partida es la educación. Pero debemos entender que el proceso educativo no inicia en el sistema formal de primaria.

Esa educación debe iniciar desde los primeros meses de vida de una criatura y debe incrementarse a partir del segundo año de vida. Esas personitas que son adaptadas desde temprano al aprendizaje, pasarán sus once años de educación formal sin contratiempos y es casi seguro que cursarán también una carrera universitaria y en unos años serán autosuficientes y no dependientes del sistema estatal.

Claro está que es el estado el que debe velar que ese proceso no se vea interrumpido por condiciones de pobreza que además genera violencia, descomposición o disolución familiar y delincuencia.

En resumen, la educación es la base fundamental de transformación y prosperidad de un pueblo y de una sociedad.

¿Pero por qué no lo hemos conseguido?


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